Zaid

Mandarinas y limonada

Cada vez que se miraba en el espejo, veía su reflejo y su pelo estaba cada vez más largo. Se levantaba de la cama como si los días fuesen nuevos y no pesados como viejos baules repletos de recuerdos y cansancios.

En alguna parte, los violines sonaban y alguien preparaba limonada para su hija enferma de neumonía, que tosía y tosía. Sin embargo sonreía porque no habría escuela para ella ese día.

Las ventanas se abrieron, la luz entró y encandiló todo lo que estaba sumido en las tinieblas dentro de una habitación desordenada y que nadie tomaba en cuenta.

Vamos ¿Acaso nadie traerá las mandarinas?

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