Poetica

La llanura oscilante,
de pensamientos inquietos,
miraba atónita el ocaso,
que con emociones saltonas,
vibraban como insectos.

 

En la quietud del abismo,

se alzó la ternura del vacío,

nada sube, nada baja, solo calma.

Tranquilo en el vértigo,

un pájaro llama,

alza el vuelo de la tierra

y las nubes se espalman.

 

 

Creía estar despierto,

dentro de un sueño llamado vida.

Creí y creía y no moría.

Aún quedaba día,

aun en la noche dormía.

Despertar era bueno,

dejarse de ilusiones perfecto.

Dije sí y fue para siempre.

Dije no, solo una vez.

Tal vez, frecuente.

Pero, siempre,

en forma insistente