No faltaba tiempo…

No faltaba tiempo en que no se hablara como antaño, en tiempos que ya fuere lo cotidiano, en tiempos de luces y acertijos plasmados en la tierna materia. Esa materia molecular que se transforma en segundos y va urdiendo el hilo, la continuidad, las visiones de plazas de amores de cafecitos chicos, con crema latte o capuccino. La irrelevancia era sutil, pero aturdía. Te pegaba como un palo en la cabeza y la baraja cambiaba de inmediato. Todo era efímero pero sutil, la telaraña de recuerdos quedaba como pintada en un paisaje de pensamientos melancólicos….